Me llama un amigo cátedro para preguntar a qué sección o periódico puede enviar un artículo sobre el mal funcionamiento de las tarjetas y servicios de CajaGranada. Mal lo lleva, porque la institución financiera es una de las máximas anunciantes y socias de la prensa local. No obstante, de vez en cuando, ante el estallido de una información imparable aparecen algunos indicios de críticas e informaciones, algunas de ellas negativas, sobre no sólo la caja granadina sino cualquier otra entidad financiera que aparezca como patrocinadora de suplementos, especiales, secciones y demás espacios de los medios de comunicación. "¡Pues vaya con la libertad de expresión!", exclamó extrañado este amigo. Ha chocado con la realidad de la prensa comercial, aquella que para subsistir depende de las subvenciones oficiales, los patrocinios de los bancos y no sólo o en su mayor parte de sus lectores. En un reportaje recientemente publicado sobre The New York Times se decía que a los inversores no les importaban las pérdidas en un medio de comunicación, porque lo importante es el medio y su independencia, el hecho de que genere opinión, de la existencia de una prensa libre. Claro está, que se trata de Estados Unidos, un país que incluye en una de sus enmiendas la libertad de expresión como principio fundamental. Tomen nota.
martes, 16 de junio de 2009
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